2631.-Viernes de la Octava de Pascua…Ciclo B…: El Señor liberò a su pueblo y lo llenò de esperanza, y a sus enemigos los sumergiò en el mar. Aleluya…(Sal 77,53)…Se acercò Jesùs, tomò el pan y se lo dio a sus Discìpulos y tambièn el pescado…Viernes 10 abril 2015…


Del Libro de los Hechos de los Apòstoles: 4, 1-12

En aquellos dìas, mientras Pedro y Juan hablaban al pueblo, se presentaron los Sacerdotes, el jefe de la Guardia del Templo y los Saduceos, indignados porque los Apòstoles enseñaban al pueblo y anunciaban que la resurrecciòn de los muertos se habìa verificado en la Persona de Jesùs. Los aprehendieron, y como ya era tarde, los encerraron en la càrcel hasta el dìa siguiente. Pero ya muchos de los que habìan escuchado sus palabras, unos cino mil hombres, habìan abrazado la fe.

  Al dìa siguiente, se reunieron en Jerusalèn los Jefes del pueblo, los Ancianos y los Escribas, el Sumo Sacerdote Anàs, Caifàs, Juan, Alejandro y cuantos pertenecìan a las familias de los Sumos Scaerdotes. Hicieron comparecer ante ellos a Pedro y a Juan y les preguntaron:

     “¿Con què poder o en nombre de quièn han hecho todo esto?”.

     Pedro, lleno del Espìritu Santo, dijo:

     “Jefes del pueblo y Ancianos, puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber còmo fue curado, sèpanlo ustedes y sèpalo todo el pueblo de Israel: este hombre, ha quedado sano en el Nombre de Jesùs de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitò de entre los muertos. Este mismo Jesùs es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular.

Ningùn otro puede salvarnos, porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos”.  

 

 

DEL SALMO. 117

La piedra que desecharon los constructores es ahora

la piedra angular. Aleluya

Te damos gracias, Señor, porque eres Bueno,

porque tu Misericordia es eterna.

Diga la casa de Israel:

“Su Misericordia es eterna”.

La piedra que desecharon los constructores

es ahora la piedra angular.

Esto es Obra de la mano del Señor,

es un milagro patente.

Este es el Dìa del Triunfo del Señor,

dìa de jùbilo y de gozo.

Libèranos, Señor, y danos tu victoria.

Bendito el que viene en el Nombre del Señor.

Que Dios desde su Templo nos bendiga.

Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine.

Del Santo Evangelio segùn San Juan: 21, 1-14 

     En aquel tiempo, Jesùs se les apareciò otra vez a los Discìpulos junto al lago de Tiberìades. Se les apareciò de esta manera:

     Estaban juntos Simòn Pedro, Tomàs (llamado el Gemelo), Natanael (el de Canà de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discìpulos. Simòn Pedro les dijo:

     “Voy a pescar”.

     Ellos le respondieron:

     “Tambièn nosotros vamos contigo”.

     Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.

     Estaba amaneciendo, cuando Jesùs se apareciò en la orilla, pero los Discìpulos no lo reconocieron. Jesùs les dijo;

     “Muchachos, ¿han pescado algo?”.

     Ellos contestaron:

     “No”.

     Entonces Èl les dijo:

     “Echen la red a la derecha de la barca y encontraràn peces”.

     Asì lo hicieron, y luego ya no podìan jalar la red por tantos pescados.

     Entonces el Discìpulo a quien amaba Jesùs le dijo a Pedro;

     “Es el Señor”.

      Tan pronto como Simòn Pedro oyò decir que era el Señor, se anudò a la cintura la tùnica, pues se la habìa quitado, y se tirò al agua. Los otros discìpulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra màs de cien metros.

     Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesùs les dijo:

     “Traigan algunos pescados de los que acaban  de pescar “.

     Entonces Simòn Pedro subiò a la barca y arrastrò  hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompiò la red. Luego le                                                                                                                                                                                   dijo Jesùs:

     “Vengan a almorzar”.

     Y ninguno de los Discìpulos se atrevìa a preguntarle: `¿Quièn eres?`, porque ya sabìan que era el Señor. Jesùs se acercò, tomò el pan y se lo dio y tambièn el pescado.

     Èsta fue la tercera vez que Jesùs se apareciò a sus Discìpulos despuès de resucitar de entre los muertos.

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