2649.-Martes IV de Pascua.- Alegrèmonos, regocijèmonos y demos gracias, porque el Señor, nuestro Dios Omnipotente, ha empezado a reinar. Aleluya. (Apoc 19, 7,6)…Mis ovejas escuchan mi voz, dice el Señor; Yo las conozco y ellas me siguen…(Jn 10, 27)…Martes 28 abril 2015…


Del Libro de los Hechcos de los Apòstoles: 11, 19-26 

En aquellos dìas, algunos de los que se habìan dispersado, huyendo de la persecuciòn desatada despuès de la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquìa; pero predicaban el Evangelio solamente a los judìos.

Sin embargo, hubo entre ellos algunos chipriotas y cirenenses, que al llegar a Antioquìa, comenzaron a dirigirse tambièn a los griegos y a predicarles el Evangelio del Señor Jesùs. Y como la mano del Señor estaba con ellos, muchos se convirtieron y abrazaron la fe.

Cuando llegaron estas noticias a la comunidad cristiana de Jerusalèn, Bernabè fue enviado a Antioquìa. Llegò Bernabè, y viendo la acciòn de la Gracia de Dios, se alegrò mucho; y como era hombre bueno, lleno del Espìritu Santo y de fe, exhortò a todos a que, firmes en su propòsito, permanecieran fieles al Señor. Asì se ganò para el Señor una gran muchedumbre.

Entonces Bernabè partiò hacia Tarso, en busca de Saulo; y cuando lo encontrò lo llevò consigo a Antioquìa. Ambos vivieron durante todo un año en esa comunidad y enseñaron a mucha gente. Allì, en Antioquìa, fue donde por primera vez los Discìpulos recibieron el nombre de “cristianos”.

 

 

  DEL SALMO. 86

Alaben al Señor todos los pueblos. Aleluya.

Jerusalèn gloriosa,

el Señor ha puesto en ti su Templo.

Tù eres màs querida para Dios

que todos los santuarios de Israel.

De ti, Jerusalèn, ciudad del Señor,

se diràn maravillas.

Egipto y Babilonia adoraràn al Señor;

los filisteos, con Tiro y Etiopìa,

seràn como tus hijos.

Y de ti, Jerusalèn afirmaràn:

“Todos los pueblos han nacido en ti

y el Altìsimo es tu fortaleza”.

El Señor registrarà en el Libro de la Vida

a cada pueblo, convertido en ciudadano tuyo;

y todos los pueblos te cantaràn,bailando:

“Tù eres la fuente de nuestra salvaciòn”.

   Del Santo Evangelio segùn San Juan: 10, 22-30

     Por aquellos dìas se celebraba en Jerusalèn la Fiesta de la Dedicaciòn del Templo. Era invierno. Jesùs se`paseaba por el Templo, bajo el pòrtico de Salomòn. Entonces lo rodearon los judìos yle preguntaron:

     ¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tù eres el Mesìas, dìnoslo claramente”.

     Jesùs les respondiò:

     “Ya se lo he dicho y no me creen.

     Las obras que hago en Nombre de mi Padre dan Testimonio de Mì, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas.

     Mis ovejas escuchan mi voz; Yo las conozco y ellas me siguen.

     Yo les doy la Vida Eterna y no pereceràn jamàs; nadie las arrebatarà de mi mano.

     Me las ha dado mi Padre y Èl es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.

     El Padre y Yo somos Uno”.

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