2686.-EL CUERPO Y LA SANGRE DE CRISTO.- Alimentò a su pueblo con lo mejor del trigo y lo saciò con miel sacado de la roca…(Sal 80, 17)…Ciclo B…Yo Soy el Pan Vivo que ha bajado del Cielo, dice el Señor, el que coma de esta Pan vivirà para siempre…(jn 6, 51)…Jueves 04 junio 2015…


Del Libro del Èxodo: 24, 3-8

En aquellos dìas, Moisès bajò del monte Sinaì y refiriò al pueblo todo lo que el Señor le habìa dicho y los Mandamientos que le habìa dado. Y el pueblo contestò a una voz:

     “Haremos todo lo que dice el Señor”.

Moisès puso por escrito todas las Palabras del Señor. Se levantò temprano, construyò un altar al pie del monte y puso al lado del altar doce piedras conmemorativas, en representaciòn de las doce tribus de Israel.

Despuès mandò a algunos jòvenes israelitas a ofrecer holocaustos e inmolar novillos, como sacrificios pacìficos en honor del Señor. Tomò la mitad de la sangre, la puso en vasijas y derramò sobre el altar la otra mitad.

Entonces tomò el Libro de la Alianza y lo leyò al pueblo, y el pueblo respondiò:

“Obedeceremos. Haremos todo lo que manda el Señor”.

Luego Moisès rociò al pueblo con la sangre, diciendo:

Èsta es la sangre de la Alianza que el Señor ha hecho con ustedes, conforme a las palabras que han oìdo”.

 

 

 

DEL SALMO. 115

     Levantarè el Càliz de la Salvaciòn.

¿Còmo le pagarè al Señor todo el bien que me ha hecho?

Levantarè el Càliz de Salvaciòn

e invocarè el Nombre del Señor.

A los ojos del Señor es muy penoso

que mueran sus amigos.

De la muerte, Señor, me has librado,

a mì, tu esclavo e hijo de tu esclava.

Te ofrecerè con gratitud un sacrificio

e invocarè tu Nombre.

Cumplirè mis promesas al Señor

ante todo su pueblo.

De la Carta a los Hebreos: 9, 11-15

     Hermanos:

     Cuando Cristo se presentò como Sumo Sacerdote que nos obtiene los Bienes Definitivos, penetrò una sola vez y para siempre en el “Lugar Santìsimo”, a travès de una tienda, que no estaba hecha por manos de hombres, ni pertenecìa a esta creaciòn. No llevò consigo sangre de animales, sino su propia Sangre, con la cual nos obtuvo una Redenciòn Eterna.

     Porque si la sangre de los machos cabrìos y de los becerros y las cenizas de una ternera, cuando se esparcìan sobre los impuros, eran capaces de conferir a los israelitas una pureza legal, meramente exterior, ¡cuànto màs la Sangre de Cristo purificarà nuestra conciencia de todo pecado, a fin de que demos culto al Dios Vivo, ya que a impulsos del Espìritu Santo, se ofreciò a Sì Mismo como Sacrificio Inmaculado a Dios , y asì podrà purificar nuestra conciencia de las obras que conducen a la muerte, para servir al Dios Vivo!

     Por eso, Cristo es el Mediador de una Alianza Nueva.

     Con su muerte hizo que fueran perdonados los delitos cometidos durante la Antigua Alianza, para que los llamados por Dios pudieran recibir la Herencia Eterna que Èl les habìa prometido.

S E C U E N C I A

Al Salvador alabemos,

que es nuestro Pastor y Guìa.

Alabèmoslo con himnos

y canciones de alegrìa.

Alabèmoslo sin lìmites

y con nuestra fuerzas todas;

pues tan grande es el Señor,

que nuestra alabanza es poca.

Gustosos hoy aclamamos

a Cristo, que es nuestro Pan,

pues Èl es el Pan de Vida,

que nos da Vida Inmortal.

Doce eran los que cenaban

y les dio pan a los doce.

Doce entonces lo comieron,

y, despues, todos los hombres.

Sea plena la alabanza

y llena de alegres cantos;

que nuestra alma se desborde

en todo un concierto santo.

Hoy celebramos con gozo

la gloriosa Instituciòn

de este Banquete Divino,

el Banquete del Señor.

Èsta es la Nueva Pascua,

Pascua del ùnico Rey,

que termina con la Alianza

tan pesada de la Ley.

Esto es nuevo, siempre nuevo,

es la Luz de la Verdad,

que sustituye a lo viejo

con reciente claridad.

En aquella ùltima cena

Cristo hizo la maravilla

de dejar a sus amigos

el Memorial de su Vida.

Enseñados por la Iglesia,

consagramos pan y vino,

que a los hombres nos redimen,

y dan fuerza en el camino.

Es un dogma del cristiano

que el pan se convierte en carne,

y lo que antes era vino

queda convertido en sangre.

Hay cosas que no entendemos,

pues no alcanza la razòn;

mas si las vemos con fe,

entraràn al corazòn.

Bajo sìmbolos diversos

y en diferentes figuras,

se esconden ciertas verdades

maravillosas, profundas.

Su Sangre es nuestra bebida;

su Carne, nuestro alimento;

pero en el pan o en el vino

Cristo està todo completo.

Quien lo come no lo rompe,

no lo parte ni divide;

Èl es el todo y la parte;

vivo està en quien lo recibe.

Puede ser tan sòlo uno

el que se acerca al Altar,

o pueden ser multitudes;

Cristo no se acabarà.

Lo comen buenos y malos,

con provecho diferente;

no es lo mismo tener vida

que ser condenado a muerte.

A los malos les da muerte

y a los buenos les da vida.

¡Què efecto tan diferente

tiene la misma comida!

Si lo parten, no te apures;

sòlo parten lo exterior;

en el mìnimo fragmento

entero late el Señor.

Cuando parten lo exterior

solo parten lo que has visto;

no es una disminuciòn

de la Persona de Cristo.

El Pan que del Cielo baja

es comida de viajeros.

Es un pan para los hijos.

¡No hay que tirarlo a los

perros!

Isaac, el inocente,

es figura de este pan,

con el cordero de Pascua

y el misterioso manà.

Ten compasiòn de nosotros,

Buen Pastor, Pan Verdadero.

Apacièntanos y cuìdanos

y condùcenos al Cielo.

Todo lo puedes y sabes,

Pastor de ovejas, Divino.

Concèdenos en el Cielo

gozar la herencia contigo.

Amèn.

   Del Santo Evangelio segùn San Marcos. 14, 12-16 22-26 

         El primer dìa de la fiesta de los panes Àzimos, cuando se sacrifricaba el cordero pascual, le preguntaron a Jesùs sus Discìpulos:

     “¿Dònde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”.

     Èl les dijo a dos de ellos:

     “Vayan a la ciudad. Encontraràn un hombre que lleva un càntaro de agua; sìganlo y dìganle al dueño de la casa en donde entre: `El Maestro manda preguntar: ¿Dònde està la habitaciòn donde voy a comer la Pascua con mis Discìpulos?`. Èl es enseñarà una sala en el segundo piso, arreglada con divanes. prepàrennos allì la cena”.

     Los Discìpulos se fueorn, llegaron a la ciudad, encontraron lo que Jesùs les habìa dicho y prepararon la cena de Pascua.

     Mientras cenaban, Jesùs tomò un pan, pronunciò la bendiciòn, lo partiò y se lo diò a sus Discìpulos, diciendo:

     “Tomen: esto es mi Cuerpo”.

     Y tomando en sus manos una copa de vino, pronunciò la acciòn de gracias, se la dio, todos bebieron y les dijo:

     “Èsta es mi Sangre, sangre de la Alianza, que se derrama por todos. Yo les aseguro que no volverè a beber del fruto de la vid hasta el dìa en que beba el vino nuevo en el Reino de Dios”.

     Despuès de cantar el himno, salieron hacia el monte de los Olivos.  

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