2703.-XII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO…Ciclo B…El Señor es la fuerza de su pueblo, defensa y salvaciòn para su Ungido. Sàlvanos, Señor, vela sobre nosotros y guìanos siempre…(Sal 27, 8-9)…Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo…(Lc 7,16)…Junio 21 2015…


Del Libro de Job: 38, 1. 8-11

El Señor hablò a Job desde la tormenta y le dijo:

“Yo le puse lìmites al Mar, cuando salìa impetuoso del seno materno; Yo hice de la niebla sus mantillas y de  las nubes sus pañales; Yo le impuse lìmites con puertas y cerrojos y le dije: Hasta aquì llegaràs, no màs allà. Aquì se romperà la arrogancia de tus olas“:

 

 

 

DEL SALMO.  106

  Demos gracias al Señor por sus Bondades.

Los que la mar surcaban con sus naves,

por las aguas inmensa negociando,

el Poder del Señor y sus Prodigios

en medio del abismo contemplaron.

Hablò el Señor y un viento huracanado

las olas encrespò;

al Cielo y al abismo eran lanzados,

sobrecogidos de terror.

Clamaron al Señor en tal apuro

y Èl los librò de sus congojas.

Cambiò la tempestad en suave brisa

y apaciguò las olas.

Se alegraron al ver la Mar tranquila

y el Señor los llevò al puerto anhelado.

Den gracias al Señor por los prodigios

que su amor por el hombre ha realizado.

De la Segunda Carta del Apòstol San Pablo a los Corintios: 5, 14-17

     Hermanops:

     El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno muriò por todos, todos murieron.

     Cristo muriò por todos para que los que viven ya no vivan para sì mismos, sino para Aquel que muriò y resucitò por ellos.

     Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos.

     El que vive segùn Cristo es una creatura nueva; para èl todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo.

Del Santo Evangelio segùn San Marcos: 4, 35-41

     Un dìa, al atardecer, Jesùs dijo a sus Discìpulos:

     “Vamos a la otra orilla del lago”.

     Entonces los Discìpulos  despidieron a la gente y condujeron a Jesùs en la misma barca en que estaba. Iban ademàs otras barcas.

     De pronto se desatò un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesùs dormìa en la popa, reclinado sobre un cojìn. Lo despertaron y le dijeron:

    “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.

   Èl se despertò, reprendiò al viento y dijo al mar:

     “¡Càllate, enmudece!”

     Entonces el viento cesò y sobrevino una gran calma. Jesùs les dijo:

     “¿Por què tenìan tanto miedo? ¿Aùn no tienen fe?.

     Todos se quedaron espantados y se decìan unos a otros:

     “¿Quièn es Èste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?”.

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