2708.-Viernes de la XII Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B…Que nuestro ùnico orgullo sea la Cruz de nuestro Señor Jesucristo,porque en Èl tenemos la Salvaciòn, la Vida y la Resurrecciòn, y por Èl hemos sido salvados y redimidos…(Gal 6, 14)…Cristo hizo suyas nuestras debilidades y cargò con nuestros dolores…(Mt 8, 17)…Junio 26 2015…


 

     Cuando Abram tenìa noventa y nueve años, se le apareciò el Señor y le dijo:

“Yo Soy el Dios todopoderoso.

Camina en mi Presencia y sème fiel.

Cumple mi Alianza tù y tu posteridad, de generaciòn en generaciòn.

    La Alianza que hago contigo y tus descendientes, y que tienen que cumplir, consiste en que todos sus hijos varones seràn circuncidados.

    Saray, tu esposa, ya no se llamarà Saray, sino Sara. La bendecirè y ella te darà un hijo, y Yo lo bendecirè; de èl naceràn pueblos y reyes de naciones”.

Abraham se postrò en tierra y se puso a reìr, diciendo en su interior:

“¿Podrà un hombre de cien años tener un hijo, y Sara, a sus noventa, podrà dar a luz?”

Entonces Abraham le dijo a Dios:

“Me conformo con que le conserves la vida a Ismael”.

Dios le respondiò:

“Sara, tu esposa, te darà un hijo y le pondràs por nombre Isaac. Con èl y con sus descendientes establecerè mi Alianza, una Alianza perpetua.

     En cuanto a Ismael, tambièn te he escuchado. Lo bendecirè, lo engrandecerè y harè que su descendendcia sea muy numerosa; engendrarà doce prìncipes y serà padre de un gran pueblo.

     Pero mi Alianza la establecerè con Isaac, el que Sara te darà a luz el año que viene, por estas fechas”.

    Y cuando Dios terminò de hablar con Abraham, se retirò.  

 

 

 

Del Salmo: 127

Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos.

Dichoso el que teme al Señor

y sigue sus caminos:

comerà del fruto de su trabajo,

serà dichoso, le irà bien.

Su mujer, como vid fecunda,

en medio de su casa;

sus hijos, como renuevos de olivo,

alrededor de su mesa.

Èsta es la bendiciòn del hombre

que teme al Señor:

“Que el Señor te bendiga desde Siòn,

que veas la prosperidad de Jerusalèn

todos los dìas de tu vida”.  

Del Santo Evangelio segùn San Mateo: 8, 1-4

     En aquel tiempo, cuando Jesùs bajò de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercò un leproso, se postrò ante Èl y le dijo:

    “Señor, si quieres, puedes curarme”

    Jesùs extendiò la mano y lo tocò, dicièndole:

   “Sì quiero, queda curado”.

     Inmediatamente quedò limpio de la lepra. Jesùs le dijo:

    “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al Sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisès para probar tu curaciòn”.

  

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