2709.-NUESTRA SEÑORA DEL PERPETUO SOCORRO.- Sàbado de la XII Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B…Dichosa tù, Virgen Marìa, que llevaste en tu seno al Creador del Universo; diste a luz al que te creò, y permaneces Virgen para siempre…Junio 27 2015…


Del Libro del Gènesis: 18, 1-15

Un dìa el Señor se le apareciò a Abraham en el encinar de Mambrè.

Abraham estaba sentado en la entrada de su tienda, a la hora del calor màs fuerte. Levantando la vista, vio de pronto a tres hombres que estaban de pie ante èl.

Al verlos, se dirigiò a ellos ràpidamente desde la puerta de la tienda, y postrado en tierra, dijo:

“Señor mìo, si he hallado gracia a tus ojos, te ruego que no pases junto a mì sin detenerte. Harè que traigan un poco de agua para que se laven los pies y descansen a la sombra de estos àrboles; traerè pan para aue recobren las fuerzas y despuès continuaràn su camino, pues sin duda para eso han pasado junto a su siervo”.

Ellos le contestaron:

“Està bien. Haz lo que dices”.

Abraham entrò ràpidamente en la tienda donde estaba Sara y le dijo:

“Date prisa, toma tres medidas de harina, amàsalas y cuece unos panes”.

Luego Abraham fue corriendo al establo, escogiò un ternero y se lo dio a un criado para que lo matara y lo preparara. Cuando el ternero estuvo asado, tomò requesòn y leche y lo sirviò todo a los forasteros.

Èl permaneciò de pie junto a ellos, bajo el àrbol, mientras comiàn. Ellos le preguntaron:

“¿Dònde està Sara, tu mujer?”.

Èl respondiò:

“Allà, en la tienda”.

Uno de ellos le dijo:

“Dentro de un año volverè sin falta a visitarte por estas fechas; para entonces, Sara, tu mujer, habrà tenido un hijo”.

Sara estaba escuchando detràs de la puerta de la tienda. (Abraham y Sara eran  ya muy ancianos, y a Sara le habìa cesado su regla). Sara se riò por lo bajo y pensò:

“Siendo yo tan vieja y mi marido un  anciano, ¿podrè experimentar el placer?”

Entonces el Señor le dijo a Abraham:

¿Por què se ha reìdo Sara y ha dicho: Serà cierto que voy a dar a luz, siendo ya tan vieja?. ¿Acaso hay algo difìcil para Dios?

El año que viene, en el plazo señalado, volverè a visitarte, y  Sara tendrà un hijo”.

Sara dijo entonces, asustada:

“No me estaba riendo”.

Pero el Señor replicò:

“No lo niegues; sì te estabas riendo”.

 

 

DEL SALMO.  Lucas I

El Señor se acordò de su Misericordia.

  Mi alma glorifica al Señor

y mi espìritu se llena de jùbilo en Dios, mi Salvador,

porque puso sus ojos en la humildad

de su esclava.

Desde ahora me llamaràn dichosa

todas las generaciones,

porque ha hecho en mì grandes cosas

el que todo lo puede.

Santo es su Nombre.

Su Misericordia llega de generaciòn en generaciòn

a los que lo temen.

A los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide sin nada.

Acordàndose de su Misericordia,

viene en ayuda de Israel, su siervo,

como lo habìa prometido a nuestros padres

a Abraham y a su descendencia, para siempre.

Del Santo Evangelio segùn San Mateo: 8, 5-17 

    En aquel tiempo, al entrar Jesùs en Cafarnaùm, se le acercò un oficial romano y le dijo:

    “Señor, tengo en mi casa un criado que està en cama, paralìtico, y sufre mucho”.

    Èl le contestò:

   “Voy a curarlo”.

    Pero el oficial le replicò:

    “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedarà sano.

     Porque yo tambièn vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis òrdenes; cuando le digo a uno: `¡Ve!`, èl va; al otro; `¡Ven!`, y viene; a mi criado: `¡Haz esto!`, y lo hace”.

     Al oìr aquellas palabras, se admirò Jesùs y dijo a los que lo seguìan:

    “Yo les aseguro que en ningùn israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendràn de Oriente y de Occidente y se sentaràn con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio a los herederos del Reino los echaràn fuera, a las tinieblas. Ahì serà el llanto y la desesperaciòn”

     Jesùs le dijo al oficial romano:

     “Vuelve a tu casa y que se cumpla lo que has creìdo”.

     Y en aquel momento se curò el criado.

     Al llegar Jesùs a la casa de Pedro, vio a la suegra de èste en cama, con fiebre. Entonces la tomò de la mano y desapareciò la fiebre. Ella se levantò y se puso a servirles.

     Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Èl expulsò a los demonios con su Palabra y curò a todos los enfermos. Asì se cumpliò lo dicho por el Profeta Isaìas: Èl hizo suyas nuestras debilidades y cargò con nuestros dolores.

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