2710.-XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO…Ciclo B…Pueblos todos, aplaudan y aclamen a Dios con gritos de jùbilo…(Sal 46, 2)…Jesucristo, nuestro Salvador, ha vencido la muerte y ha hecho resplandecer la vida por medio del Evangelio…( 2 Tim 1, 10)…28 Junio 2015…


Del Libro de la Sabidurìa: 1, 13-15; 2, 23-24 

Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucciòn de los vivientes.

Todo lo creò para que subsistiera.

Las creaturas del Mundo son saludables; no hay en ellas veneno mortal.

Dios creò al hombre para que nunca muriera, porque lo hizo a imagen y semejanza de Sì Mismo; mas por envidia del diablo entrò la muerte en el Mundo y la experimentan quienes le pertenecen.

 

 

 

DEL SALMO.  29

  Te alabarè, Señor, eternamente.

Te alabarè, Señor, pues no dejaste

que se rieran de mì mis enemigos.

Tù, Señor, me salvaste de la muerte

y a punto de morir, me reviviste.

Alaben al Señor quienes lo aman,

den gracias a su Nombre,

porque su Ira dura un solo instante

y su Bondad, toda la vida.

El llanto nos visita por la tarde;

por la mañana, el jùbilo.

Escùchame, Señor, y compadecète;

Señor, ven en mi ayuda.

Convertiste mi duelo en alegrìa,

te alabarè por eso eternamente.

De la segunda Carta del Apòstol San Pablo a los Corintios: 8, 7.9. 13-15

      Hermanos:

     Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en palabra, en sabidurìa, en diligencia para todo y en amor hacia nosotros, distinganse tambièn ahora por su generosidad.

     Bien saben lo generoso que ha sido nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por ustedes, para que ustedes se hicieran ricos con su pobreza.

    No se trata de que  los demàs vivan tranquilos, mientras ustedes estàn sufriendo. Se trata, màs bien, de aplicar durante nuestra vida una medida justa;  porque entonces la abundancia de ustedes remediarà las carencias de ellos, y ellos, por su parte, los socorreràn a ustedes en sus necesidades. 

     En esa forma habrà un justo medio, como dice la Escritura: Al que recogìa mucho, nada le sobraba; al que recogìa poco, nada le faltaba.

Del Santo Evangelio segùn San Marcos:5, 21-43

     En aquel tiempo, cuando Jesùs regresò en la barca al otro lado del lago, se quedò en la orilla y ahì se le reuniò mucha gente. Entonces se le acercò uno de los jefes de la Sinagoga, llamado Jairo. Al ver a Jesùs, se echò a sus pies y le suplicaba con insistencia:

     “Mi hija està agonizando. Ven a imponerle las manos para que se cure y viva”.

     Jesùs se fue con  èl, y mucha gente lo seguìa y lo apretujaba.

     Entre la gente habìa una mujer que padecìa flujo de sangre desde hacìa doce años. Habìa sufrido mucho a manos de los mèdicos y habìa gastado en eso toda su fortuna, pero en vez de mejorar, habìa empeorado.

     Oyò hablar de Jesùs, vino y se le acercò por detràs entre la gente y le tocò el manto, pensando que, con sòlo tocarle el vestido, se curarìa. Inmediatamente se le secò la fuente de su hemorragia y sintiò en su cuerpo que estaba curada.

     Jesùs notò al instante que una fuerza curativa habìa salido de Èl, se volviò hacia la gente y les preguntò:

     “¿Quièn ha tocado mi manto?”

    Sus Discìpulos le contestaron:

    “Estàs viendo còmo te empuja la gente y todavìa preguntas: `¿Quièn me ha tocado?`”.

     Pero Èl seguìa mirando alrededor, para descubrir quièn habìa sido. Entonces se acercò la mujer, asustada y temblorosa, al comprender lo que habìa pasado; se postrò a sus pies y le confesò la verdad. Jesùs la tranquilizò, diciendo:

     “Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y queda sana de tu enfermedad”.

     Todavìa estaba hablando Jesùs, cuando unos criados llegaron de casa del jefe de la Sinagoga para decirle a èste:

     “Ya se muriò tu hija. ¿Para que sigues molestando al Maestro?”

     Jesùs alcanzò a oìr lo que hablaban y le dijo al jefe de la Sinagoga:

     “No temas, basta que tengas fe”.

     No permitiò que lo acompañaran màs que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.

     Al llegar a la casa del jefe de la Sinagoga, vio Jesùs el alboroto de la gente y oyò los llantos y los alaridos que daban. Entrò y les dijo:

     “¿Què significa tanto llanto y alboroto? La niña no està muerta, està dormida”.

     Y se reìan de Èl.

     Entonces Jesùs echò fuera a la gente, y con los padres de la niña y sus acompañantes, entrò a donde estaba la niña. La tomò de la mano y le dijo:

    “¡Talità, Kum!”, que significa: “¡Òyeme, niña, levàntate!”

     La niña, que tenìa doce años, se levantò inmediatamente y se puso a caminar.

     Todos se quedaron asombrados. Jesùs les ordenò severamente que no lo dijeran a nadie y les mandò que le dieran de comer a la niña.

       

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