2745.-Lunes de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B…Cuando venga el Espìritu de la Verdad, Èl los guiarà hasta la Verdad Plena, dice el Señor…(Jn 14, 26; 15.26)…No sòlo de pan vive el hombre, sino tambièn de toda Palabra que sale de la boca de Dios…(Mt 4,4)…Agosto 03 2015…


Del Libro de los Nùmeros: 11, 4-15

En aquellos dìas, los israelitas se quejaban, diciendo:

     “¡Quièn nos diera carne para comer!

     ¡Còmo nos acordamos del pescado, que comìamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones, de los puerros, cebollas y ajos!

     Pero de tanto ver el manà, ya ni ganas tenemos de comer”. 

    El manà  era como la semilla del cilantro y su aspecto como el de la resina aromatìca. El pueblo se dispersaba para recogerlo. Lo molìan en el molino o lo machaban en el mortero; luego lo cocìan en una olla y hacìan con èl una especie de pan, que sabìa como el pan de aceite. Por la noche, cuando caìa el rocìo sobr el campamento, caìa tambièn el manà.

     Moisès oyò còmo se quejaba el pueblo, cada una de las familias, a la entrada de su tienda. Eso provocò la Ira del Señor, y Moisès, tambièn muy disgustado, le dijo al Señor:

     “¿Por què tratas tan mal a tu siervo?

     ¿En què te he desagradado para que tenga que cargar con todo este pueblo? 

¿Acaso yo lo he concebido o lo he dado a luz para que me digas: Toma en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llèvalo a la tierra que jurè darles a sus padres?.

     ¿De dònde voy a sacar yo carne para repartìrsela a toda la gente, que me dice llorando: `Queremos comer carne? 

   Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues es demasiado pesado para mì. Si me vas a tratar asì, por favor, quìtame la vida y no tendrè que pasar tantas penas”.

 

 

DEL SALMO: 80

Aclamemos a Dios, nuestra fortaleza.

Israel no oyò mi voz, dice el Señor,

y mi pueblo no quiso obedecerme.

Los entreguè, por eso, a sus caprichos

y los dejè vivir como quisiesen.

¡Ojalà que mi pueblo me escuchara

y cumpliera Israel con mis Mandatos!

Yo, al punto,, humillarìa a sus enemigos

y sentirìan mi mano sus contrarios.  

Los que aborrecen al Señor

tratarìan de adularme,

pero su suerte quedarìa fijada.

En cambio, Israel comerìa de lo mejor

del trigo y Yo lo saciarìa con miel silvestre.

Del Santo Evangelio segùn San Mateo: 14, 13-21

     En aquel tiempo, al enterarse Jesùs de la muerte de Juan el Bautista, subiò a una barca y se dirigiò a un lugar apartado y solitario.

     Al saberlo la gente, lo siguiò por tierra desde los pueblos. Cuando Jesùs desembarcò, vio aquella muchedumbre, se compadeciò de ella y curo a los enfermos.  

     Como ya se hacìa tarde, se acercaron sus Discìpulos a decirle:

     “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caserìos y compren algo de comer”.

     Pero Jesùs les replicò:

     “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”.

     Ellos le contestaron:

     “No tenemos aquì màs que cinco panes y dos pescados”.

    Èl les dijo:

     “Tràiganmelos”.

     Luego mandò que la gente se sentara sobre el pasto. Tomò los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunciò una bendiciòn, partiò los panes y se los dio a los discìpulos para que los distribuyeran a la gente.

     Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habìan sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.

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