2747.-Mièrcoles de la XVIII Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B…(Lc 12, 42)…Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo…(Lc 7,16)… 05 agosto 2015…


Del Libro de los Nùmeros: 13, 1-2. 25-14, 1. 26-29. 34-35

En aquellos dìas, el Señor le hablò a Moisès en el desierto de Paràn y le dijo:

“Envìa algunos hombres, uno por cada tribu paterna, para que exploren la tierra de Canaàn, que le voy a dar a los hijos de Israel”.

Al cabo de cuarenta dìas volvieron los exploradores, despuès de recorrer toda aquella tierra. Fueron a presentarse ante Moisès, Aaròn y toda la comunidad de los hijos de Israel, en el desierto de Paràn en Cades. Les mostraron los productos del paìs y les hicieron la siguiente relaciòn:

“Fuimos al paìs a donde nos enviaste y de veras mana leche y miel, como puedes ver por estos frutos.

     Pero el pueblo que habita en el paìs es poderoso; las ciudades estàn fortificadas y son muy grandes y hasta hemos visto ahì gigantes, descendientes de Anac.

Los Amalecitas ocupan la regiòn del Sur; los Hititas, Amorreos y Yebuseos ocupan la montaña; y los Cananeos,, la orilla del mar y la ribera del Jordàn”. 

Caleb, uno de los exploradores, calmò al pueblo, que empezaba a criticr a Moisès y les dijo:

     “Vayamos y conquistemos el paìs, porque sin duda podremos apoderarnos de èl”.

     Pero los demàs hombres que habìan ido con Caleb, dijeron:

     “No podemos atacar a ese pueblo, porque es màs fuerte que nosotros“.

Y empezaron a hablar mal del paìs que habìan explorado, diciendo:

     “El paìs que hemos recorrido y explorado, no produce lo suficiente ni para sus propios habitantes. Toda la gente que hemos visto ahì es muy alta.Hemos visto hasta gigantes,descendientes de Anac; junto a ellos parecìamos saltamontes, y como tales nos veìan ellos”.

  Al oìr esto, toda la comunidad se puso a gritar y se pasò llorando toda la noche.

     Entonces el Señor les hablò a Moisès y a Aaròn y les dijo:

“¿Hasta cuàndo va a seguir protestando contra Mì esta comundiad perversa?

He oìdo las quejas de los hijos de Israel contra Mì.

Ve y diles:

`Por mi vida, dice el Señor, voy a hacer con ustedes lo que han pedido que suceda.

     Poor haber hablado mal de Mì, moriràn en el desierto todos los que fueron registrados en el censo, de veinte años para arriba. Les juro que no entraràn en la tierra que prometì darles, con excepciòn de Caleb, hijo de Yefunè, y de Josuè, hijo de Nun.

Asì como ustedes emplearon cuarenta dìas en explorar el paìs, asì cargaràn con sus pecados cuarenta años por el desierto, a razòn de un año por dìa. Asì sabràn lo que significa desobedecerme.

Yo, el Señor, he hablado. Esto es lo que harè con esta comunidad perversa,amotinada contra Mì. En este desierto van a consumirse y en èl van a morir`”.

 

 

 

 

 

DEL SALMO. 105

Por tu pueblo, Señor acuèrdate de mì. 

Hemos pecado igual que nuestros padres,

cometimos maldades e injusticias.

Allà en Egipto, nuestros padres

no entendieron, Señor, tus Maravillas.

Se olvidaron pronto de tus Obras

y no se fiaron de tus Designios.

Su apetito era insaciable en el desierto

y te provocaron, Señor, en la estepa.

Se olvidaron del Dios que los salvò

y que hizo Portentos en Egipto,

en la tierra de Cam, mil Maravillas,

y en las aguas del Mar Rojo, sus Prodigios.

Por eso hablaba Dios de aniquilarlos;

pero Moisès, que era su elegido, se interpuso,

a fin de que, en su Còlera,

no fuera el Señor a destruirlos.

Del Santo Evangelio segùn San Mateo: 15, 21-28

         En aquel tiempo, Jesùs se retirò a la comarca de Tiro y Sidòn.

     Entonces una mujer cananea le saliò al encuentro y se puso a gritar:

     “Señor, hijo de David, ten compasiòn de mì. Mi hija està terriblemente atormentada por un demonio”.

     Jesùs no le contestò una sola palabra, pero los discìpulos se acercaron y le rogaban:

     “Atièndela, porque viene gritando detràs de nosotros”

     Èl les contestò:

     “Yo no he sido enviado sino a las ovejas descarriadas de la casa de Israel”.

     Ella se acercò entonces a Jesùs y postrada ante Èl, le dijo:

     “¡Señor, ayùdame!”.

     Èl le respondiò:

     “No està bien quitarles el pan a los hijos para echàrselo a los perritos”.

     Pero ella replicò:

    “Es cierto, Señor; pero tambièn los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”.

    Entonces Jesùs le respondiò:

     “Mujer, ¡què grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas”.

     Y en aquel mismo instante quedò curada su hija.

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