2757-B.-ASUNCIÒN DE LA SANTÌSIMA VIRGEN MARÌA.- Sàbado de la XIX Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B… Una gran señal apareciò en el Cielo: una mujer vestida de Sol, con la Luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza…(Apoc 12, 1) Marìa fue llevada al Cielo y todos los Àngeles se alegran…15 agosto 2015…


    Del Libro del Apocalipsis del Apòstol San Juan: 11, 19, 12, 1-6 10

Se abriò el Templo de Dios en el Cielo y dentro de èl se vio el Arca de la Alianza. Apareciò entonces en el Cielo una figura prodigiosa: una mujer envuelta por el Sol, con la Luna bajo sus pies y con una corona de doce estrellas en la cabeza. Estaba encinta y a punto de dar a luz y gemìa con los dolores del parto.

     Pero apareciò tambièn en el Cielo otra figura: un enorme dragòn, color de fuego, con siete cabezas y diez cuernos, y una corona en cada una de sus siete cabezas.

     Con su cola barriò la tercera parte de las estrellas del Cielo y las arrojò sobre la Tierra.

     Despuès se detuvo delante de la mujer que iba a dar a luz, para devorar a su hijo, en cuanto èste naciera.

     La mujer dio a luz un hijo varòn, destinado a gobernar todas las naciones con cetro de hierro; y su hijo fue llevado hasta Dios y hasta su Trono.

    Y la mujer huyò al desierto, a un lugar preparado por Dios.

     Entonces oì en el Cielo una voz poderosa, que decìa: ” Ha sonado la hora de la Victoria de nuestro Dios, de su Dominio y de su Reinado, y del Poder de su Mesìas”.

 

 

 

 

DEL SALMO. 44

De pie, a tu derecha, està tu reina.

Hijas de reyes salen a tu encuentro.

De pie, a tu derecha, està la reina,

enjoyada con oro de Ofir.

Escucha, hija, mira y pon atenciòn:

olvida a tu pueblo y la casa paterna;

el rey està prendado de tu belleza;

rìndele homenaje,

porque èl es tu Señor.

Entre alegrìa y regocijo

van entrando en el Palacio Real.

A cambio de tus padres, tendràs hijos,

que nombraràs prìncipes por toda la Tierra.

De la primera Carta del Apòstol San Pablo a los Corintios: 15, 20-27 

     Hermanos:

     Cristo resucitò, y resucitò como la Primicia de todos los muertos.

     Porque si por un hombre vino la muerte, tambièn por un hombre vendrà la resurrecciòn de los muertos.

     En efecto, asì como en Adàn todos mueren, asì en Cristo todos volveràn a la Vida, pero cada uno en su orden: primero Cristo, como Primicia; despuès, a la Hora de su Advenimiento, los que son de Cristo.

     Enseguida serà la Consumaciòn, cuando, despuès de haber aniquilado todos los poderes del Mal, Cristo entregue el Reino a su Padre.

    Porque Èl tiene que reinar hasta que el Padre ponga bajo sus pies a todos sus enemigos.

    El  ùltimo de los enemigos en ser aniquilado, serà la muerte, porque todo lo ha sometido Dios bajo los pies de Cristo.

Del Santo Evangelio segùn San Lucas: 1, 39-56

     En aquellos dìas, Marìa se encaminò presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarìas, saludò a Isabel. En cuanto èsta oyò el saludo de Marìa, la criatura saltò en su seno.

     Entonces Isabel quedò llena del Espìritu Santo, y levantando la voz, exclamò:

     “¡Bendita tù entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!

     ¿Quièn soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?

     Apenas llegò tu saludo a mis oìdos, el niño saltò de gozo en mi seno.

     Dichosa tù, que has creìdo, porque se cumplirà cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

     Entonces dijo Marìa:

    “Mi alma glorifica al Señor y mi espìritu se llena de jùbilo en Dios, mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

     Desde ahora me llamaràn dichosa todas las generaciones, proque ha hecho en mì grandes cosas el que todo lo puede. Santo es su Nombre, y su Misericordia llega de generaciòn en generaciòn a los que lo temen.

     Èl hace sentir el poder de su brazo: dispersa a los de corazòn altanero, destrona a los potentados y exalta a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide sin nada.

     Acordàndose de su Misericordia, viene en ayuda de Israel, su siervo, como lo habìa prometido a neustros padres, a Abraham y a su descendencia, para siempre”.

     Marìa permaneciò con Isabel unos tres meses, y luego regresò a su casa.  

              

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