2762.-SAN BERNARDO.- Abad y Doctor de la Iglesia.-Jueves de la XX Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B…El Señor colmò a San Berbardo con Espìritu de Inteligencia, para que transmitiera al pueblo de Dios las riquezas de la Doctrina…Hagàmosle caso al Señor que nos dice: No endurezcan su corazòn…(Sal 94, 8)…Agosto 20 2015…


     Del Libro de los Jueces:  11, 29-39 

     En aquellos dìas, el Espìritu del Señor vino sobre Jeftè, que recorriò la regiòn de Galaad y de Manasès, pasò por Mispà de Galaad y de allì marchò contra los Amonitas.

     Jeftè le hizo una promesa al Señor, diciendo:

     “Si me entregas a los Amonitas, al primero que salga a la puerta de mi casa para recibirme, cuando vuelva victorioso de la guerra contra los Amonitas, te lo ofrecerè en holocausto”.

     Jeftè marchò contra los Amonitas y el Señor se los entregò.

     Los derrotò desde Aroer hasta la entrada de Minit, donde hay veinte ciudades, hasta Abel-Kermain, y les tomò sus veinte ciudades. La derrota de los Amonitas fue grandìsima y fueron humillados por los Israelitas.

    Cuando Jeftè volviò a su casa en Mispà, lo saliò a recibir su hija, bailando al son de las panderetas.

     Jeftè no tenìa màs hijos que ella. Al verla, Jeftè se rasgò las vestiduras y gritò:

     “¡Ay, hija mìa! ¡Què desdichado soy! ¿Por què tenìas que ser tù la causa de mi desgracia? Le hice una promesa al Señor y no puedo retractarme”.

     Ella le dijo:

     “Padre mìo, si le has hecho una promesa al Señor, haz conmigo lo que le prometiste, ya que el Señor te ha concedido la victoria sobre tus enemigos”.

     Despuès le dijo a su padre:

    “Concèdeme tan sòlo este favor.: Dèjame andar por los montes durante dos meses para llorar con mis amigas la desgracia de morir sin tener hijos”.

    Èl le respondiò:

    “¡Vete!”.

    Y le concediò lo que le habìa pedido.

    Ella se fue con sus amigas y estuvo llorando su desgracia por los montes. Al cabo de dos meses, volviò a la casa de su padre y èl cumpliò con ella la promesa que habìa hecho.

 

 

 

 

DEL SALMO.  39

Aquì estoy, Señor, para hacer tu Voluntad.

Dichoso el hombre que ha puesto su confianza

en el Señor

y no acude a los idòlatras,

que se extravìan con engaños.

 

Sacrificios y ofrendas no quisiste,

abriste, en cambio, mis oìdos a tu voz.

No exigiste holocaustos por la culpa,

asì que dije: “Aquì estoy”.

 

En tus Libros se me ordena hacer tu Voluntad,

esto es, Señor, lo que deseo:

tu Ley en medio de mi corazòn.

 

He anunciado tu Justicia en la Gran Asamblea;

 no he cerrado mis labios,

Tù lo sabes, Señor.

 

 

 

 

Del Santo Evangelio segùn San Mateo: 22, 1-14

     En aquel tiempo, volviò Jesùs a hablar en paràbolas a los Sumos Sacerdotes y a los Ancianos del pueblo, diciendo:

     “El Reino de los Cielos es semejante a un rey que preparò un banquete de bodas para su hijo. Mandò a sus criados que llamaran a los invitados, pero èstos no quisieron ir.

     Enviò de nuevo a otros criados que les dijeran:

     `Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo està listo. Vengan a la boda`.

     Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otros  a su negocio y los demàs se echaron encima a los criados,  los insultaron y los mataron.

     Entonces el rey se llenò de còlera y mandò sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

     Luego les dijo a sus criados:

     `La boda està preparada; pero los que que habìan sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a  todos los que encuentren`.

     Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenò de convidados.

    Cuando el rey entrò a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntò:

    `Amigo, ¿còmo has entrado aquì sin traje de fiesta?.

    Aquel hombre se quedò callado. Entonces el rey dijo a los criados:

     `Àtenlo de pies y manos y arròjenlo fuera, a las tinieblas. Allì serà el llanto y la desesperaciòn`.

     Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos” .

 

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