2788.-NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES.- Martes de la XXIV Semana del Tiempo Ordinario …Ciclo B…El anciano Simeón dijo a María: Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción; y a ti, una espada te atravesará el alma. ..(Lc 2 34-35)…Dichosa la Virgen María, que sin morir, mereció la palma del martirio junto a la Cruz del Señor…Septiembre 15 2015…


De la Primera Carta del Apóstol San Pablo a Timoteo: 3, 1-13

Hermano:

 Es cierto que aspirar al cargo de obispo es aspirar a una excelente función. 

     Por lo mismo, es preciso que el obispo sea irreprochable, que no se haya casado más que una vez, que sea sensato, prudente, bien educado, digno, hospitalario, hábil para enseñar, no dado al vino ni a la violencia, sino comprensivo, enemigo de pleitos y no ávido de dinero; que sepa gobernar bien su propia casa y educar dignamente a sus hijos. Porque, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios quien no sabe gobernar su propia casa? No debe ser recién convertido,n o sea que se llene de sobre soberbia y sea por eso condenado como el demonio. Es necesario que los no creyentes tengan buena opinión de él, para que no caiga en el descrédito ni en las redes del demonio. 

     Los diáconos deben, asimismo, ser respetables y sin doblez, no dados al vino ni a negocios sucios; deben conservar la fe revelada, con una conciencia limpia. Que se les ponga a prueba primero y luego, si no hay nada que reprocharles, que ejerzan su oficio de diáconos. Las mujeres deben ser igualmente respetables , no chismosas, juiciosas y fieles en todo. Los diáconos, que sean casados una sola vez y sepan gobernar bien a sus hijos y su propia casa. Los que ejercen bien el diaconado alcanzarán un puesto honroso y gran autoridad para hablar de la fe que tenemos en Cristo Jesús. 

 

 

 

DEL SALMO: 100

Danos, Señor, tu Amor y tu Justicia. 

Voy a cantar la Bondad y la Justicia:

para Ti, Señor, tocaré mi música.

Voy a explicar el Camino Perfecto.

¿Cuándo vendrás a mí?

Quiero proceder en mi casa

con recta conciencia.

No quiero ocuparme de asuntos indignos,

aborrezco las acciones criminales.

Al que en secreto difama a su prójimo

lo haré callar; al altanero

y al ambicioso no los soportaré.

Escojo a gente de fiar

para que vivan conmigo;

el que sigue un camino perfecto

será mi servidor. 

 

S E C U E N C I A 

La Madre piadosa estaba

junto a la Cruz, y lloraba

mientras el Hijo pendía;

cuya alma triste y llorosa,

traspasada y dolorosa,

fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y afligida

estaba la Madre herida,

de tantos tormentos llena,

cuando triste contemplaba

y dolorosa miraba

del Hijo amado la pena!

¿Y cuál hombre no llorara

si a la Madre contemplara

de Cristo en tanto dolor?

¿Y quién no se entristeciera,

Madre piadosa, si os viera

sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del Mundo,

vio a Jesús en tan profundo

tormento la dulce Madre.

Vio morir al Hijo amado

que rindió desesperado

el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,

hazme sentir tu dolor

para que llore contigo.

Y que, por mi Cristo amado,

mi corazón abrasado

más viva en Él que conmigo.

Y, porque a amarlo me anime,

en mi corazón imprime

las llagas que tuvo en sí.

Y de tu Hijo, Señora,

divide conmigo ahora

las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar

y de veras lastimar

de sus penas mientras vivo;

porque acompañar deseo

en la cruz, donde lo veo,

tu corazón compasivo. 

¡Virgen de vírgenes santas!,

llore ya con ansias tantas

que el llanto dulce me sea;

porque su pasión y muerte

tenga en mi alma de suerte 

que siempre sus penas  vea.

Haz que su cruz me enamore

y que en ella viva y more

de mi fe y amor indicio;

porque me inflame y encienda

y contigo me defienda

en el Día del Juicio. 

Haz que me ampare la muerte

de Cristo, cuando en tan fuerte

trance vida y alma estén;

porque, cuando quede en calma 

el cuerpo, vaya mi alma 

a su eterna gloria, Amén.

Del Santo Evangelio según San Juan: 19, 25-27 

     En aquel tiempo, estaban junto a la cruz de Jesús, su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. 

     Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre:

     “Mujer, ahí está tu hijo”.

     Luego dijo al discípulo: 

     “Ahí está tu madre”.

     Y desde aquella hora el discípulo se la llevó a vivir con él. 

 

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