2812.-Lunes de la XXVII Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B…: Cuando venga el Espírtu de Verdad , Él los guiará hasta la Verdad Plena…(Jn 14, 26. 15.26… Les doy un mandamiento nuevo, dice el Señor, que se amen los unos a los otros, como Yo los he amado…(Jn 13, 34)…Octubre 05 2015…


 Del Libro del Profeta Jonás: 1, 1-2, 1-11

El Señor le dirigió la Palabra a Jonás, hijo de Amitay, y le dijo:

“Levántate y vete a Nínive, la gran ciudad, y predica en ella que su maldad ha llegado hasta Mí”.

Se levantó Jonás para huir a Tarsis, lejos del Señor, y llegó a Jafa, donde encontró un barco que salía para Tarsis; pagó su pasaje y se embarcó para dirigirse a Tarsis , lejos del Señor.

Pero el Señor desencadenó un gran viento sobre el mar y provocó una tormenta tan fuerte, que el barco estaba a punto de naufragar. Los marineros tuvieron miedo y se pusieron a invocar cada uno a su dios. Luego echaron al mar la carga para aligerar la nave.

Mientras tanto, Jonás había bajado al fondo del barco, se había acostado y dormía profundamente. El capitán se le acercó yle dijo:

“¿Qué haces aquí dormido? Levántate e invoca a tu Dios, a ver si Él se compadece de nosotros y no perecemos”.

Luego se dijeron unos a otros:

“Echemos suertes para ver quien tiene la culpa de esta desgracia”

     Echaron suertes y le tocó a Jonás. Entonces le dijeron:

      “Dinos por qué nos ha sobrevenido esta desgracia, cuál es tu oficio, de dónde vienes, cuál es tu país y de qué pueblo eres”. 

     Él les respondió:

     “Soy hebreo y adoro al Señor, Dios del Cielo, que hizo el Mar y la Tierra”. 

     Entonces aquellos hombres tuvieron mucho miedo y le dijeron:

     “¿Por qué has hecho esto?”.

     Pues él acababa de decirles que iba huyendo del Señor. Y como el Mar seguía encrespándose, le preguntaron: 

 “¿Qué hemos de hacer contigo paras que el Mar se calme?”, 

     Él les respondió:

     “Levántenme y arrójenme al Mar, y el Mar se calmará, pues sé que por mi culpa les ha  sobrevenido esta tormenta tan fuerte”. 

     Los hombres se pusieron a remar para alcanzar la costa, pero no pudieron, porque el Mar seguía encréspandose en torno a ellos. Entonces invocaron al Señor, diciendo:

     “Señor, no nos hagas morir por culpa de este hombre ni nos hagas responsables de la muerte de un inocente, ya que es clara tu Voluntad”. 

     Entonces levantaron a Jonás y lo arrojaron al Mar y el Mar calmó su furia. Y aquellos hombres temieron mucho al Señor, le ofrecieron un sacrificio y le hicieron promesas. 

     Dispuso el Señor que una ballena se tragara a Jonás, el cual estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches. Entonces el Señor le ordenó a la ballena que vomitara a Jonás en tierra firme.

 

 

 

  DEL SALMO: Jonás 2

En el peligro grité al Señor y me atendió. 

En el peligro grité al Señor y me atendió.

Desde el vientre del abismo te pedí auxilio

y me escuchaste.

Me habías arrojado al fondo, en alta mar,

me rodeaba la corriente, tus torrentes

y tus olas me arrollaban.

Entonces pensé: Me has arrojado de tu Presencia;

¿quién pudiera ver otra vez tu Santo Templo?” 

Cuando se me acababan las fuerzas 

invoqué al Señor y llegó hasta Ti 

mi oración, hasta tu Santo Templo. 

  Del Santo Evangelio según San Lucas: 10, 25-37

     En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un Doctor de la Ley para ponerlo a prueba y le preguntó:

     “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la Vida Eterna?”.

     Jesús le dijo:

     “¿Qué es lo que está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?”.

     El Doctor de la Ley le contestó:

     “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. 

     Jesús le dijo:

     “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”·. 

     El Doctor de la Ley, para justificarse, le preguntó a Jesús:

     “¿Y quién es mi prójimo?”.

     Jesús le dijo:

       “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto.

     Sucedió que por el mismo camino bajaba un Sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un Levita que pasó por ahí, lo vió y siguió adelante. Pero un Samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó: luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo:

     `Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regresó`.

     ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?”.

     El Doctor de la Ley le respondió:

     “El que tuvo compasión de él”.

     Entonces Jesús le dijo:

     “Anda y haz tú lo mismo”. 

       

 

 

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