2823.-Viernes de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B…Con tu Sangre compraste para Dios hombres de todas las razas y lenguas, de todos los pueblos y naciones, para constituir un Reino para Dios…(Apoc 5, 9-10) …Muéstrate Bondadoso con nosotros, Señor, puesto que en Ti hemos confiado…(Sal 32, 22)…16 oct 2015…


De la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos: 4, 1-8

Hermanos:

 ¿Qué diremos de Abraham, padre de nuestra raza?

    Si Abraham hubiera obtenido la justificación por sus obras, tendría de que estar orgulloso, pero no delante de Dios. En efecto, ¿qué dice la Escritura? Abraham le creyó a Dios y eso le valió la justificación. 

     Al que, gracias a su trabajo, tiene obras, no se le da su paga como un regalo, sino como algo que se le debe. En cambio, al que no tiene obras, pero cree en Aquel que justifica al pecador, su fe le vale la justificación. 

     En este sentido, también David proclama dichoso al hombre a quien Dios tiene por justo, independientemente de las obras: Dichosos aquellos cuyas maldades han sido perdonadas y cuyos pecados han sido sepultados. Dichoso el hombre a quien el Señor no le toma en cuenta su pecado.

 

 

 

DEL SALMO. 31

 Perdona, Señor, nuestros pecados. 

Dichoso aquel que ha sido absuelto 

de su culpa y su pecado.  

Dichoso aquel en el que Dios 

no encuentra ni delito ni engaño. 

Ante el Señor reconocí mi culpa, 

no oculté mi pecado. 

Te confesé, Señor, mi gran delito

y Tú me has perdonado.

Alégrense con el Señor

y regocíjense los justos todos,

y todos los hombres de corazón sincero

canten de gozo.  

Del Santo Evangelio según San Lucas: 12, 1-7

     En aquel tiempo, la multitud rodeaba a Jesús en tan gran número que se atropellaban unos a otros. Entonces Jesús les dijo a sus Discípulos:

     “Cuídense de la levadura de los Fariseos, ews decir, de la hipocresía. 

     Porque no hay nada oculto que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse. 

     Por eso, todo lo que ustedes hayan dicho en la oscuridad, se dirá a plena luz, y lo que hayan dicho en voz baja y en privado, se proclamará desde las azoteas. 

     Yo les digo a ustedes, amigos míos: No teman a aquellos que matan el cuerpo y después ya no pueden hacer nada más. Les voy a decir a quién han de temer: Teman a aquel que, después de darles muerte, los puede arrojar al Lugar de Castigo. Se lo repito: A él si tienen que temerlo.

     ¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Sin embargo, ni de uno solo de ellos se olvida Dios; y por lo que a ustedes toca, todos los cabellos de su cabeza están contados. No teman, pues, porque ustedes valen mucho más que todos los pajarillos”.  

 

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