2824.-SAN IGNACIO DE ANTIOQUIÍA: Obispo y Mártir:- Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero ya no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí; vivo en la fe que tengo en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a Sí Mismo por mí…(Gal 2, 19-20)…Sábado de la XXVIII Semana del Tiempo Ordinario …Ciclo B…El Espíritu de la Verdad dará testimonio de Mí, dice el Señor, y ustedes también darán testimonio…(Jn 15, 26. 27)…17 octubre 2015…


 De la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos: 4, 13. 16-18

Hermanos:

 La Promesa que Dios hizo a Abraham y a sus descendientes, de que ellos heredarían el Mundo, no dependía de la observancia de la Ley, sino de la Justificación obtenida mediante la Fe. 

     En esta forma, por medio de la Fe, que es gratuita, queda asegurada la Promesa para todos sus descendientes, no sólo para aquellos que cumplen la Ley, sino también para todos los que tienen la Fe de Abraham. Entonces, él es padre de todos nosotros, como dice la Escritura: Te he constituido padre de todos los pueblos. 

     Así pues, Abraham es nuestro padre delante de aquel Dios  en quien creyó y que da la vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que todavía no existen. Él, esperando contra toda esperanza, creyó que habría de ser padre de muchos pueblos, conforme a los que Dios le había prometido: Así de numerosa será tu descendencia. 

 

 

 

SALMO. 104

El Señor nunca olvida sus Promesas. 

Descendientes de Abraham, su servidor, 

estirpe de Jacob, su predilecto, escuchen:

 el Señor es nuestro Dios 

y gobiernan la Tierra sus Decretos. 

Ni aunque transcurran mil generaciones, 

se olvidará el Señor de sus Promesas, 

de la Alianza pactada con Abraham, 

del juramento a Isaac, que un día le hiciera. 

Se acordó de la Palabra Sagrada 

que había dado a su siervo, Abraham, 

y sacó a su pueblo con alegría, 

a sus escogidos con gritos de triunfo.

Del Santo Evangelio según San Lucas:12, 8-12  

     En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Discípulos:

     “Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los Ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, Yo lo negaré ante los Ángeles de Dios. 

     A todo aquel que diga un palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.

     Cuando los lleven a las Sinagogas y ante los Jueces y Autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir”.  

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