2852.-Sábado de la XXXII Semana del Tiempo Ordinario…Ciclo B…Te aclamamos, santa Madre de Dios, porque has dado a luz al Rey, que gobierna Cielo y Tierra por los Siglos de los Siglos…


Del Libro de la Sabiduría: 18, 14-16; 19, 6.9

Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu Palabra Todopoderosa, Señor, como implacable guerrero, se lanzó desde tu Trono Real del Cielo hacia la región condenada al exterminio. 

Blandiendo como espada tu Decreto irrevocable, sembró la muerte por dondequiera; tocaba el Cielo con la mano y al mismo tiempo pisaba la Tierra.

La Creación entera, obediente a tus órdenes, actuó de manera diversa a su modo de proceder para librar a tus hijos de todo daño.

Una nube protegió con su oscuridad el campamento israelita y donde antes había agua, surgió la tierra firme, en el Mar Rojo apareció un camino despejado y en las olas impetuosas, una verde llanura. Por ahí, protegido por tu mano, pasó todo el pueblo, mientras contemplaba tus Prodigios admirables. Corrían como potros y brincaban como corderos, dándote gracias, Señor, por haberlos liberado.

 

 

 DEL SALMO: 104

Recordemos los Prodigios del Señor.

Aclamen al Señor y denle gracias, 

relaten sus Prodigios a los pueblos. 

Entonen en su honor himnos y cantos, 

celebran sus Portentos. 

El Señor hirió de muerte a los primogénitos 

de los egipcios, primicias de su virilidad.

Sacó a su pueblo, cargado de oro y plata,

y entre sus tribus nadie tropezó. 

Se acordó de la Palabra Sagrada

que había dado a su siervo, Abraham, 

y sacó a su pueblo con alegría, 

a sus escogidos, con gritos de triunfo. 

Del Santo Evangelio según San Lucas: 18, 1-8

     En aquel tiempo, para enseñar a sus Discípulos la necesidad de orar siempre y sin desfallecer, Jesús les por propuso esta parábola:

     “En cierta ciudad había un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Vivía en aquella misma ciudad una viuda que acudía  a él con frecuencia para decirle:

     “Hazme justicia contra mi adversario”. 

     Por mucho tiempo, el juez no le hizo caso, pero después se dijo: `Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres,sin embargo, por la insistencia de esta viuda, voy a hacerle justicia para que no me siga molestando`.

     Dicho esto, Jesús comentó:

     “Si así pensaba el juez injusto, ¿creen acaso que Dios no hará justicia a sus elegidos, que claman a Él día y noche, y que los hará esperar?  Yo les digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿creen que encontrará fe sobre la Tierra?”. 

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