2896.-Miércoles.-Sexto día dentro de la Octava de Navidad…Cuando un profundo silencio envolvía todas las cosas y la noche estaba a la mitad de su camino, tu Palabra Todopoderosa, Señor, bajó desde el Trono Real del Cielo…(Sab 18 14.15)…Un día sagrado ha brillado para nosotros. Vengan, naciones, y adoren al Señor, porque hoy ha descendido una gran luz sobre la Tierra…Diciembre 30 2015…


  De la Primera Carta del Apóstol San Juan: 2, 12-17

Les escribo a ustedes, hijitos, porque han sido perdonados sus pecados en el Nombre de Jesús. 

 Les escribo a ustedes, padres, porque conocen al que existe desde el Principio. 

     Les escribo a ustedes, jóvenes, porque han vencido al Demonio. 

     Les he escrito a ustedes, hijitos, porque conocen al Padre. 

     Les he escrito a ustedes, padres, porque conocen al que existe desde el Principio. 

     Les he escrito a ustedes, jóvenes, porque son  fuertes y la Palabra de Dios permanece en ustedes y han vencido al  Demonio.

     No amen al Mundo ni lo que hay en él. Si alguno ama al Mundo, el Amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el Mundo: las pasiones desordenadas del hombre, las curiosidades malsanas y la arrogancia del dinero, no vienen del Padre, sino del Mundo. El Mundo pasa y sus pasiones desordenadas también. Pero el que hace la Voluntad de Dios tiene Vida Eterna.  

 

 

 

DEL SALMO : 95

Alaben al Señor, todos los pueblos. 

Alaben al Señor, pueblos del OPrbe,

reconozcan su Gloria y su Poder

y tribútenle honores a su Nombre. 

Ofrézcanle en sus atrios sacrificios.

Caigamos en su Templo de rodillas.

Tiemblen ante el Señor los atrevidos.

“Reina el Señor”, digamos a los pueblos.

Él afianzó con su Poder el Orbe,

gobierna a las naciones con Justicia.  

Del Santo Evangelio según San Lucas: 2, 36-40

     En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del Templo de de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el Templo para las presentación del niño), Ana se acercó, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén. 

     Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la Ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret.

     El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con Él.   

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