3053.-EL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS.-Los proyectos de su corazón subsisten de generación en generación, para librar de la muerte a sus fieles y reanimarlos en tiempo de de hambre…(Sal 32 11,19)…Yo Soy el Buen Pastor, dice el Señor, Yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a Mí…(Jn 10,14)…03 junio 2016


ORACIÓN:

Señor Dios, que en tu Misericordia te dignas enriquecernos con los infinitos tesoros del Amor del Corazón de tu Hijo, traspasado por nuestros pecados, concédenos que al presentarte el fervoroso homenaje de nuestra devoción, cumplamos también con el deber de una digna reparación. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

 

 

Del Libro del Profeta Ezequiel: 34, 11-16

Esto dice el Señor Dios:

“Yo Mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré Yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y de oscuridad.

Las sacaré de en medio de los pueblos, las congregaré de entre las naciones, las traeré a su tierra y las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país.

     Las apacentaré en pastizales escogidos, y en lo alto de los montes de Israel tendrán su aprisco; allí reposarán en buenos prados y en pastos suculentos serán apacentados sobre los montes de Israel.

     Yo Mismo apacentaré a mis ovejas, Yo Mismo las haré reposar, dice el Señor Dios.

     Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré en la Justicia”.

 

 

DEL SALMO. 22

El Señor es mi pastor, nada me faltará.

El Señor es mi pastor, nada me falta;

en verdes praderas me hace reposar

y hacia fuentes tranquilas me conduce

para reparar mis fuerzas.

Por ser un Dios fiel a sus Promesas,

me guía por el sendero recto;

así, aunque camine por cañadas oscuras,

nada temo, porque Tú estás conmigo.

Tu vara y tu cayado me dan seguridad.

Tú mismo me preparas la mesa,

a despecho de mis adversarios;

me unges la cabeza con perfume

y llenas mi copa hasta los bordes.

Tu Bondad y tu Misericordia me acompañarán 

todos los días de mi vida;

y viviré en la Casa del Señor por años sin término.

De  la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos: 5, 5-11

     Hermanos:

     Dios ha infundido su Amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que Él Mismo nos ha dado.

     En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado.

     Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

     Con mayor razòn, ahora que ya hemos sido justificados por su Sangre, seremos salvados por Él del Castigo Final. Porque, si cuando  éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con Él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su  Hijo.  Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Del Santo Evangelio según San Lucas: 15, 3-7

     En aquel tiempo, Jesús dijo a los Fariseos y a los Escribas esta parábola:

     “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla?  Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al  llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: `Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido`.

     Yo les aseguro que también en el Cielo habrá más alegría por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos, que no necesitan convertirse”.   

 

 

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